El problema no soy yo
“¿Conoces
algún garito de por aquí donde coger un buen resacón?”
Pregunta perfil de todo
universitario que se precie nada más llegar a una residencia.
“¿Y
algún parque donde hacer botellón? Es que este finde no me voy a quedar
encerrado aquí, tú sabes”.
Pregunta perfil de todo
universitario que se precie si has contestado negativamente a la primera.
“Vamos a
pillarnos un pedo que no nos va reconocer ni la puta madre que nos parió”.
Cuando se ponen de acuerdo, pasa lo
que pasa.
Hace
unos días tuve un bajón importante. Importante porque voy a cumplir 19 años y
no encajo aunque lo intente. Me pongo en contra del resto del mundo. Las
decisiones que tomo no son acordes a las del universitario “normal”. Y
honestamente, así no voy a ninguna parte. No tengo ni he tenido novia, tengo
amigos contados, los mejores del mundo, pero están demasiado lejos. Me esperaba
un panorama como este, pero no tan negro. Empiezo a consumirme en mi propia
falta de autoestima. Y ha llegado el momento de que le ponga fin.
Hace un
año que llegué a Madrid. Todo esto se consiguió gracias al esfuerzo colectivo
entre mi madre y yo. Mi tarea era estudiar hasta reventar para estudiar mi
ansiado doble grado. La suya era poner el dinero para que pudiera cumplir mi
sueño. ¡Y qué sueño! Madrid, la capital, el centro del país, con oportunidades
para parar un tren, cientos de miles de cosas que hacer…
La
verdad es que ni yo me lo hubiese esperado mejor: una residencia inmejorable,
en una zona inmejorable y con una accesibilidad en el transporte inmejorable.
¡Qué más se puede pedir! Universitarios, son gente estudiosa, pensé, irán a lo
que van y se comportarán amablemente. Si no, no tendría sentido que estuviesen
aquí. Craso error.
Excepto
al fiscal en prácticas, tinerfeño afable y de muy buen trato, todo el mundo
pensaba en lo mismo, sencillo pero efectivo: fiesta, alcohol. Ah, y
cigarrillos. El año pasado más de la mitad de la residencia fumaba. Gente que
no pasaba de los 20 años. Increíble pero cierto.
Mi
compañero de habitación era un chico que estaba estudiando un módulo. Ni punto
de comparación con la Universidad, pero hacía algo. Era un buen tío, lo admito,
y doy gracias a que me tocase él en vez de cualquiera de los demás. Las pegas:
su nula sociabilidad, su desdén por ciertos “productos” colocantes y el
resultado de los mismos: de las 24 horas del día, podía estar durmiendo más de
la mitad. Sin exagerar.
Todas
las noches, la gente salía al parque vecino con un montón de botellas compradas
del chino y se desmadraban hasta decir basta. Lo sé de buena gana porque fui
una vez, la primera y la última, a ver el lamentable espectáculo. Beber, beber,
seguir bebiendo… No fui capaz, lo admito. Todo el mundo decía sí, la lógica
humana decía sí, pero yo dije que no. Y me fui, para no volver jamás. Una vez
pasado el mal trago, decidí centrarme en mis compis de la uni. Gente bromista,
simpática y amigable, con quienes he compartido muy buenos momentos. Gente, por
otra parte, de Madrid, o con amigos en Madrid, que ya está habituada al terreno
y que también juega a desmadrarse por la noche. El pozo parece no tener salida.
Una vez
autorreflexioné. Lo hice intentando sacar una explicación tangible a mi
problema con todo lo que tuviese que ver con fiestas y alcohol. Y saqué lo que
me echaba para atrás a la hora de ir a un plan del estilo, como por ejemplo:
-Agobio
y sensación angustiante en lugares con mucha gente.
-Sensación
de incomodidad al no encontrar a alguien con quien poder hablar con confianza.
-Más
agobio y angustia al ver como buena parte del gentío se desmadra. Nunca me ha
gustado tratar con alguien borracho. No estás tratando con una persona, sino
con el alcohol que la maneja.
-Lo mal
que se me da bailar. Es uno de mis muchos complejos.
-El
hecho de estar solo y no poder entablar una confianza de verdad con la gente.
Aquí en Madrid todo el mundo tiene a sus colegas de toda la vida, o bien a sus
amigos venidos de su ciudad, o bien a un novio/a. Carezco de todo eso. Lo que
echo más en falta, es la compañía de alguien cercano.
-No
encontrar nada de divertido bailar y beber en un lugar donde no cabe un
alfiler.
-En
definitiva: la presentación ante de mí de un mundo del que no me considero
parte.
También
estuve buscando en Internet. Por lo visto, no soy el único al que le pasa. Ante
la pregunta “Por qué no me gusta salir de fiesta”, encontré respuestas de lo
más variado:
-Posiblemente piensas q esos lugares están
llenos de gente hueca que sólo se deja llevar por los instintos y crees que
divertirse es más que gritar y saltar o beber. Creo que tu forma de vida es mas profunda que
estas buscando algo más motivador en tu vida, eso creo yo.
-Puede ser por varias opciones:
1) eres una persona poco sociable, o muy tímida
y te cuesta entablar conversaciones o conocer gente, por miedo básicamente a lo
desconocido.
2) te gusta la tranquilidad y el relax de estar
por ejemplo tumbada en el sofá viendo una película que te guste.
3) puede ser que hayas tenido una mala
experiencia en alguna fiesta o en algún pub que hayas ido… del estilo que: te
has emborrachado hasta más no poder y has acabado en urgencias… no se...
4) eres una persona muy casera y te gusta la
tranquilidad del hogar.
5) algún familiar tuyo se pasaba la vida de
fiesta y te sentiste desatendida por él/ella con lo cual es algo que no te
llama tanto la atención.
6) simplemente no te gusta y punto y pelota.
-Bueno, no toda la gente tenemos el mismo
carácter a mucha gente le gusta salir a dar la vuelta, a bailar, etc. A otros
les gusta más la vida tranquila, sin ruido, sin escándalo, sin apretones, y sin
tanta gente. Así como hay gente que le gusta el mar, a otros les gusta la
nieve, etc. Creo que es cuestión de caracteres diferentes, costumbres y gustos.
-¡¡¡Ufff!!! A mucha gente le pasa eso, seguro
es por la inseguridad de dejar lo que haces constantemente y te encierras en tu
cotidianidad, desistiendo de nuevas experiencias. Seguro que también tuviste
una mala experiencia y no quieres repetirla. O te da flojera y prefieres
quedarte durmiendo, sacando cuanta excusa se te ocurra.
-O una de dos: porque eres inteligente y crees
que eso no es para ti, o no tienes una buena experiencia en ellas y eres
penosa.
-No te enfrentas a las multitudes, porque
tienes miedo, deberías ir con alguien a quien le tengas mucha confianza y así
le vas agarrando el gusto o por lo menos olvidando el pánico.
-Sera porque te gustan los ambientes más serios,
eres más maduro/a.
-Por el mismo motivo que no te gusta una comida
y sí otra... eres así y ya está. Tu personalidad es así.
A la que más le saqué sentido fue a la de los
ambientes más serios, a la madurez. Porque por más que lo intento no le veo
sentido a la moda joven de hoy de ver quien es el que deja el culo de la
botella de vodka limpio.

Los botellones. Las discotecas. Lugares con una
aglomeración de gente importante donde lo último que importa es tener los pies
en el suelo. Lástima, porque yo siempre los tengo. Ahora se lleva mucho eso de
quedarse en la calle a beber hasta que no haya mañana. Ni multas, ni
expedientes ni pollas en vinagre: el botellón es sagrado. Después de la
borrachera, a la disco: no hay mucha historia. Lo normal hoy en día es buscar
la forma de enrollarse. Además del pedo, follas. ¡De puta madre! Y si no gustas
a la gente, háztelo mirar: eres un fracaso. Si no eres follable, ¿cómo te dejan
entrar? Y por más que lo intento, todo el mundo va a lo mismo. ¿Dónde hay
alguien como yo? No me gusta emborracharme, lo considero una estupidez y una
forma ridícula de divertirse. No le veo sentido al hecho de que para divertirte
tengas que dejar de ser tú; no me gusta la discoteca, el ruido es ensordecedor,
la gente está por todas partes y la mayoría está borracha. ¿Es que eres gay, por eso no quieres "pinchar"? Cuando tenga que hacerlo quiero disfrutarlo y sentir que es de verdad, con la persona que quiero. Resumiendo: no me gusta, punto.
Lo detesto, no va conmigo. Pero no tengo a nadie a quien decírselo, porque si
lo hiciera, es probable que se apartara de mí. Como la peste. Soy un rarito, no
me gusta salir de fiesta loca. Pues a mí me huele peor el olor a alcohol que se
rezuma por esos lares…
Y ahora, entrando más de lleno en el asunto…
¿debería sentirme mal por esto? Cualquier universitario me llamaría inmaduro
(qué cosas) por no querer divertirme. Y yo pregunto: ¿qué se supone que hay de
divertido en beber hasta no ser tú mismo, buscar enrollarte con gente con la
que no tienes ningún tipo de confianza, hacer el indio o pillar resaca? Podría
ser divertido o podría ser el mayor error de tu vida, una de dos. Vivir a tope
para llevarte más de un disgusto no me parece la forma adecuada de divertirse,
a decir verdad. ¿Es que no hay otras formas de pasárselo bien?
Lo que hacíamos en Melilla mis añorados
compañeros de fatiga y yo era simple: dar una vuelta (bien andando o en coche),
ir a cenar a algún sitio (con bebidas como Fanta, Coca-Cola o agua mineral) y
jugar al baloncesto en las canchas de la playa. O quedarnos jugando a la
consola en casa de alguno hasta reventarnos los dedos. Nadie se levantaba a la
mañana siguiente con dolor de cabeza o sin acordarse de nada, pero nos lo
habíamos pasado bien de sobra. Y sin alcohol. Y cuando se bebía alcohol, un
vaso y listo de papeles.
Creo que no soy un monstruo. Ni una mala
persona. Ni un fracasado. Que hay gente como yo (aunque siga sin encontrarla) y
que están pasando por lo mismo. No tengo que sentirme peor que los demás porque
no me guste la fiesta del placer del desmadre. Tengo amigos, lejos, pero los
tengo, y sé que los voy a tener siempre. Ellos me han dado la confianza
necesaria para que pueda sentirme a gusto y para divertirme hasta la saciedad
sin pedos ni malos rollos. Prefiero ser el “Forever Alone” más acentuado de
Madrid antes que rebajarme solo porque “todo el mundo lo hace”. Y para los que
os pasa lo mismo: decidlo sin miedo, sin vergüenza, sin tapujos. Ser así no
tiene nada de malo. De hecho, lo último que te puedes considerar es peor que
los demás. Con el tiempo espero encontrar a gente de mi tipo, como ya me pasó
en Melilla, donde me costó pero finalmente pude dar con ellos. Tengo cinco años
de carrera y estoy a punto de empezar el segundo. Paciencia…
No hay comentarios:
Publicar un comentario